La semana pasada participé en el foro “La violencia de género en el Triángulo Norte y su impacto en la migración”, en Washington, DC, para discutir sobre la cantidad de mujeres centroamericanas que están emigrando hacia Estados Unidos para huir de la violencia doméstica y la provocada por las pandillas en sus países.

El conversatorio fue realizado por la Inter-American Dialogue y la Fundación Internacional de Seattle (SIF) y yo fui invitada para exponer sobre la situación de la violencia contra las  las mujeres en Honduras, mi país, la respuesta del Estado y  su relación con la migración.

En el panel moderado por Manuel Orozco, director de Migración de Inter-American Dialogue, también participaron Corie O’Rourke, abogada de inmigración de Ayuda, y Lindsay Jenkins, oficial de Protección de la Oficina para Estados Unidos y del Caribe del Alto Comisionado para los Refugiados.

Yo profundicé en la situación de las mujeres en Honduras. Expuse sobre qué genera violencia en mi país y la impunidad que la rodea. Las mujeres hondureñas son víctimas de violencia doméstica, laboral, sexual y la provocada por la delincuencia común, las pandillas y el crimen organizado. Tristemente, la Corte Suprema de Justicia solo da con lugar al 22% de esas denuncias y no puede dar garantías de que se cumplan las medidas ordenadas en favor de las mujeres, lo que se traduce en mayor vulnerabilidad para ellas, incluso riesgo de muerte, y por eso la mayoría opta por no denunciar.

Muchas de las hondureñas migrantes son obligadas a dejar el país debido a esta violencia para la que no encuentran apoyo ni protección. El Estado hondureño no está cumpliendo su rol como garante de los derechos de las mujeres, a pesar de que la seguridad y la defensa tuvieron un aumento de 7% en el presupuesto general contra el 3% que tuvo educación y 1.8% que recibió salud.

La muerte violenta de mujeres es un fenómeno creciente y de alto impacto social que no es considerado como relevante dentro de las políticas de seguridad del Estado. El aumento de recursos para seguridad nunca redunda en políticas para abordar esta realidad.

Las mujeres migrantes no solo son estadísticas. Son personas que tienen derecho a una vida integralmente plena y de ahí la importancia de abordar las causas de la migración y el impacto en los países de origen. Es necesario plantear estrategias económicas, sociales, políticas y de seguridad para desarrollar las economías de los países del Triángulo Norte y que pueda haber oportunidades de trabajo, salud, educación y seguridad y que se fortalezcan los marcos legales y políticos en los países de origen y de asilo. También se deben desarrollar redes de protección y espacios seguros, establecer estándares mínimos de recepción y sistemas de asilo justos y eficientes. Y es importante contar con sistemas democráticos en los que los habitantes ejerzan su rol de auditores sociales en los asuntos públicos, para obtener soluciones duraderas para el derecho que tiene toda persona de vivir con dignidad y plenitud.

Yo formo parte de un grupo de líderes de la región centroamericana que buscamos incidir en las causas de la migración. Soy participante del programa Centroamérica Adelante 2019-2020 de SIF. Desde hace casi 20 años he trabajado por los derechos de las mujeres, adolescentes, jóvenes, niñas y niños. Los ayudo a empoderarse para que puedan incidir a favor de sus derechos y forjen sus propios destinos, y su principal sueño no sea emigrar, sino hacer realidad su plan de vida en su propio país. Para ello es importante formarlos como emprendedores y ayudarlos a desarrollar su vida, la de sus familias, la de sus comunidades y la de su país. Es importante que tanto las mujeres como los jóvenes jueguen un rol protagónico en las discusiones sobre la migración, sus causas y efectos. Por eso apoyo para formar líderes que hagan incidencia ante sus autoridades.

En el foro en Washington, DC. conocí admirables profesionales que también están trabajando y defendiendo los derechos de las personas migrantes. Espero seguir en comunicación con ellos para hacer crecer nuestras redes de contactos y aliados y seguir en la lucha de ser la voz de quienes no tienen voz.

Claudia Izaguirre

Participante de Centroamérica Adelante